Seis lecciones que nos deja la distopía venezolana

Seis lecciones que nos deja la distopía venezolana

Mantener la división de poderes y cortar al socialismo de raíz son clave
No podemos ignorar el problema y esperar que desaparezca. (Andrés Gerlotti)

Seis lecciones que nos deja la distopía venezolana

1170 658 Fergus Hodgson

No importa qué tan bajo se hunda Venezuela, siempre hay fieles seguidores que lo niegan todo, muchos desde Canadá. Por la persistencia de estos defensores dogmáticos de la planificación centralizada podemos esperar que más países sigan los pasos de Venezuela. Bolivia y Nicaragua bajo el mandato de Evo Morales y Daniel Ortega, respectivamente, parecen ser los próximos en las Américas.

Hugo Chávez (1954-2013) triunfó en las elecciones de 1998 con promesas falsas y luego se apropió de la nación con su coalición socialista. Los resultados —hiperinflación, una zona de guerra y 3,4 millones de exiliados— hablan por sí solos.

Prevenir es mejor que lamentar. Entonces, saquemos algunas lecciones de los fracasos del socialismo en Venezuela.

  • No dejar margen de acción a los terroristas

Los partidarios de Chávez se oponen a un cambio de régimen pero ignoran que él lideró dos golpes de Estado apoyados por Cuba en 1992, que dejaron alrededor de 200 muertos. Pese a que falló y fue declarado culpable, Chávez recibió el indulto del presidente Rafael Caldera en 1994.

Este error en hacer justicia permitió a Chávez candidatizarse en 1998, y Fidel Castro consiguió su nuevo financista en Venezuela. Chávez incluso utilizó el impacto mediático de los golpes de Estado a su favor. Toma nota, Colombia.

  • Cortar al socialismo de raíz

Hugo Chávez no hizo campaña como un socialista. Sus reformas solo ocurrieron una vez que consiguió patrocinadores políticos y debilitó al sector privado. Algunas reformas marginales —como un salario mínimo más alto, leyes laborales más estrictas y designación de aliados políticos— disuadieron la inversión y fueron un peldaño importante.

En 2006, Chávez formó el Partido Socialista Unido de Venezuela para impulsar el “socialismo del siglo XXI” y se alió con sus pares de la región. Ahí es cuando iniciaron las expropiaciones y las nacionalizaciones y se destruyó por completo la economía productiva: desde el cemento y el acero hasta una aerolínea y una procesadora de alimentos.

  • Ir más allá de la censura explícita

Solemos percibir solo a la censura directa como violación a la libertad de expresión. Los chavistas, de hecho, tienen un esquema de restricción sumamente amplio: desde sitios web bloqueados y temas de opinión vetados hasta medios y periodistas perseguidos (muchos ahora en exilio). Durante mi primera visita en 2014, por ejemplo, todas las frecuencias radiales estaban sintonizando un discurso de Nicolás Maduro. Su programa también tenía prioridad entre los canales de televisión locales, aún mientras transmitían un partido de baseball muy popular.

Sin embargo, el Estado de propaganda abarca mucho más. Incluye, por ejemplo, una gran cantidad de carteles celebrando la revolución, los ojos de Cháves pintados en las paredes y todo tipo de programas en medios estatales. Chávez usaba la amenaza y la violencia y sabía cómo utilizar los recursos gubernamentales para sobornar a los críticos —un problema creciente en Canadá—. Él también se aseguró de que el limitado papel de prensa disponible sea entregado a los medios aliados, mientras que los otros tuvieron que parar de circular.

  • Una economía diversificada es una garantía

Venezuela es un lamentable caso de la maldición de los recursos naturales, empeorada por la nacionalización de las reservas petroleras. La industria, inicialmente establecida por extranjeros, permitió a Chávez presentar una fachada de éxito al mundo entero, hasta que los precios se derrumbaron.

El petróleo constituye el 90 % de las decrecientes exportaciones del país, y este ingreso de dinero centralizado ha impulsado un tsunami de corrupción, clientelismo y control. También ha infectado la mentalidad de las personas, acostumbradas a la ilusión de beneficios gratuitos.

Una economía más sana, menos dependiente de un solo recurso, hubiera tenido un sector privado más resistente a la inmensa expansión del Estado. Cuando el Estado es el principal cliente de una economía, pocos están dispuestos a oponérsele.

  • Mantener la división de poderes y el imperio de la ley 

Inmediatamente después de asumir la presidencia, Chávez convocó a una Asamblea Constituyente para crear nuevos derechos y expandir el poder del Estado. La nueva Constitución se convirtió en su herramienta para dominar todo el sistema político desde el Ejecutivo, incluyendo la justicia.

La Asamblea Nacional es el último vestigio de democracia. No obstante, falló en contener al chavismo y se ha vuelto una institución decorativa desde que el régimen impuso una nueva Asamblea Constituyente con más del 90 % de representantes socialistas.

Debido al completo dominio oficialista del sistema judicial, la Asamblea Nacional ha convocado una Corte Suprema en el exilio. Esta adjudica casos para cuando el imperio de la ley sea restaurado.

  • Enfrentar a los futuros dictadores antes de la crisis

El derrumbe de Venezuela está causando graves consecuencias a sus vecinos con la enorme diáspora en Brasil, Colombia, Ecuador, Panamá y Perú. No podemos ignorar el problema y esperar que desaparezca.

La última asunción de Maduro como presidente ilegítimo no fue un momento determinante. La imposición de la Asamblea Constituyente en 2017, por ejemplo, fue tan problemática como el encarcelamiento de Leopoldo López en 2014. Las últimas acciones del Gobierno de Trump —con el apoyo de aliados democráticos como Canadá— están generando un impacto, pero hubiesen sido más efectivas una década antes.

Venezuela se encuentra paralizada ante una encrucijada con dos malos caminos: convertirse en otra Cuba, con pobreza y tiranía por generaciones, o una intervención militar como la de Panamá en 1989-1990. El segundo será una acción complicada por la presencia de agentes cubanos, rusos y chinos, junto con las principales organizaciones terroristas y grupos de crimen organizado.

Esto no tiene por qué ocurrir de nuevo y puede evitarse con la atención adecuada de los venezolanos y de foros internacionales como la Organización de Estados Americanos. Los chavistas han personificado el dicho, famoso en inglés, “podrás entrar al socialismo con votos, pero tendrás que salir con balas”.

Read the original article in English at the Frontier Centre for Public Policy.

Fergus Hodgson

Fergus Hodgson

Fergus Hodgson is the director of Econ Americas. Originally from New Zealand, he studies finance at Rice University in Houston, Texas. Follow him on Twitter, Facebook, and LinkedIn.

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